Expedientes médicos compartidos, telemedicina, informatización de los intercambios con la seguridad social... Las innovaciones en el ámbito de las tecnologías de la información contribuyen a mejorar la asistencia médica a los pacientes, así como la seguridad y calidad de las prestaciones, están además transformando radicalmente nuestros sistemas sanitarios. En el campo de la salud, los países europeos deben encarar actualmente varias tendencias muy marcadas.
El envejecimiento de la población genera un aumento de las necesidades y de los gastos sanitarios en todos los países.Lo mismo sucede con la progresión de las enfermedades crónicas o las afecciones de larga duración (diabetes, cáncer…) que poco a poco van superando a las enfermedades infecciosas. De ahí que sea necesario revisar los sistemas sanitarios, para modernizarlos y atender las nuevas exigencias de los usuarios en materia de calidad.
Los objetivos son múltiples: mejorar la asistencia y la acogida ofrecidas a los pacientes, controlar los costes en una época en que los gastos se disparan, simplificar los procesos de reembolso, etc.
Hacia una nueva generación de centros sanitarios La optimización del intercambio de datos entre facultativos es actualmente uno de los retos principales de los sistemas sanitarios. “La gran revolución de finales del siglo veinte tiene que ver con el hospital transversal, explica Bernard Pierre, responsable de las actividades de CSC Francia en el sector sanitario. “El médico ya no cura solo. La medicina se especializa y el profesional es el centro de una cadena cuyo funcionamiento debemos agilizar, simplificando en particular el intercambio de información”. Hoy en día, un enfermo hospitalizado suele pasar por distintos servicios, sin hablar de las pruebas realizadas fuera del hospital o de las que se ha hecho antes de ingresar. Es por lo tanto preciso que la información circule entre los diferentes servicios hospitalarios, clínicas, médicos de cabecera, laboratorios de análisis, farmacias, radiólogos…
Actualmente, a nivel interno, el personal médico ya accede en algunas ocasiones a gran parte de la información sobre el paciente directamente a pié de cama mediante una pantalla de televisión, mientras transmite sin desplazarse los últimos partes sobre su estado a través de una PDA o un “Tablet PC”. Gracias a estas tecnologías, el personal médico se ahorra muchísimo tiempo y puede dedicarse por completo a lo puramente médico.
“Hace tan sólo una decena de años, veías por los pasillos a las enfermeras corriendo de un lado a otro en busca de información”, recuerda Bernard Pierre. “Esto ahora sucede mucho menos y las enfermeras suelen pasar más tiempo con los pacientes”.
Visión global del paciente De cara al futuro, se trata de facilitar el acceso a la información sobre el paciente. De hecho, muchos países han lanzado ya proyectos de historias clínicas informatizadas. Es el caso, por ejemplo, del DMP (Dossier Médical Personnel) en Francia, del eHealth en Bélgica, del NPO (National Patient Overview) en Suecia o del Connecting for Health en Gran Bretaña (en el marco del “National Programme for IT”). El objetivo de las historias clínicas informatizadas consiste en ofrecer al facultativo autorizado un acceso a todo el historial del paciente, las posibles alergias, su grupo sanguíneo o las enfermedades que haya padecido... “De este modo, no repetiremos tratamientos o pruebas que ya se ha hecho en otro lugar, cosa que sucede bastante a menudo. Pero también facilitará el diagnóstico multidisciplinario, que es cada vez más crucial para determinadas enfermedades”, recalca Els Bulens, responsable de cuentas para los contratos en el sector de la salud en CSC Bélgica.
Estos expedientes deberían contribuir asimismo a la disminución de los errores médicos relacionados con la falta de información acerca de los antecedentes médicos del paciente. Según la oficina nacional de auditoría*, en el Reino Unido, por ejemplo, cerca de 34.000 fallecimientos anuales se deben a errores médicos, muchos de ellos por prescripciones inadecuadas.
El historial informatizado también facilitará el día a día de médicos y pacientes y reducirá los costes de los sistemas de protección social, gracias a la simplificación de la transmisión de datos y a la informatización de determinados procedimientos como las recetas o los reembolsos. “En Bélgica, para ciertas patologías como la artritis, las actuales solicitudes de reembolso son largas y complicadas. El proyecto eHealth debería reemplazar todo el papeleo que genera una solicitud por unos flujos electrónicos integrados”, celebra Frank Robben, que prepara la plataforma eHealth para el gobierno belga.
Portección de datosPero, evidentemente, la instauración de semejante sistema también plantea algunas cuestiones de tipo técnico. En Bélgica, son decenas de flujos electrónicos los que deberían transitar por la arquitectura descentralizada seleccionada para eHealth, lo que ha dado lugar a una reflexión sobre los estándares o las especificaciones técnicas o semánticas de los datos intercambiados.
En la medida de lo posible, debemos privilegiar los estándares “abiertos” y “sin propietario”, es decir, que no estén vinculados con un editor específico, explica Frank Robben. Se trata asimismo de “recoger y digerir toda la información necesaria en un entorno donde los datos están repartidos en múltiples lugares”, añade por su parte Els Bulens.
Otro desafío es la protección de los intercambios de datos personales sensibles. Más allá de un “buen sistema de gestión de los usuarios y de los derechos de acceso”, Frank Robben opina que se deben determinar primero cuáles son los datos que los profesionales de la salud podrán consultar y en qué condiciones. Los médicos belgas y la CPVP (Comisión de la Protección de la Vida Privada, agencia belga de protección de datos) se han unido a este proyecto nacional.
Para los primeros, es fundamental erigir barreras para que los historiales informatizados no se conviertan en una herramienta de control y se garantice la libertad terapéutica. Para los segundos, el sistema debe respetar escrupulosamente las reglas éticas en lo que al uso de datos personales se refiere; por lo que la plataforma belga necesitará el acuerdo previo del paciente. Lo mismo sucede en Francia, donde participan en el proyecto nacional tanto médicos y representantes de los pacientes, como la CNIL (Comisión Nacional de Informática y Libertades, agencia francesa de protección de datos).
Telemedicina y televigilanciaAparte de esta reflexión sobre las historias clínicas informatizadas, en el sector de la salud abundan todo tipo innovaciones que dejan entrever lo que será la medicina del mañana.
Así, para responder al desarrollo de las enfermedades crónicas y a las exigencias de los pacientes en materia de movilidad, se están multiplicando los instrumentos de telediagnóstico y telemedicina. En Suiza, por ejemplo, MedGate, un centro de telemedicina privado homologado por la “policía sanitaria”, está disponible las 24 horas del día. Sus “web doctors” están habilitados para proponer a los pacientes todo tipo de “teleconsultas” y “teleterapias” (por teléfono, Internet o videoconferencia...). En Dinamarca, el Ministerio de Sanidad se dotó en 2003 de un portal web (Sundhed.dk) mediante el cual pacientes y profesionales pueden efectuar operaciones que van desde pedir cita con un médico de cabecera hasta renovar una receta, pasando por la consulta de los análisis efectuados en el laboratorio.
Otro ejemplo: el desarrollo de redes de telecomunicaciones móviles ha facilitado la aparición de terminales que permiten medir a distancia las señales vitales de los enfermos – como la tensión arterial y la glucemia - y hasta vigilar a algunos pacientes con Alzheimer. Es el caso del “RTX3371 GSM/GPRS Telehealth Monitor”, un terminal que la empresa RTX Healthcare acaba de lanzar en Dinamarca.
Convencer a los profesionalesPero esto es sólo el principio y quedan muchos desafíos por delante. Más allá de la brecha digital, que podría impedir que cierta parte de la población accediera a determinados dispositivos, también se plantea la cuestión de la financiación y de la rentabilidad de la inversión en estas nuevas tecnologías para los centros médicos y la sociedad en general.
Los profesionales de la salud deben ofrecer soluciones ergonómicas que hagan olvidar la complejidad del sistema y que atiendan las necesidades. Sino, se corre el riesgo de “montar algo demasiado enrevesado, difícil de utilizar y que acabará siendo rechazado”, advierte Bernard Pierre, que añade: “Queda claro que los médicos no estarán dispuestos a utilizar la mejor tecnología video del mundo, por muy puntera que sea, si no la consideran útil”.
En realidad, “la informática sólo representa el 20% del trabajo. Lo principal es reunir a los profesionales, ganarse su confianza y superar los recelos”, reconoce por su parte Frank Robben de Bélgica. Estas reticencias son reales: miedo al cambio, a ser controlados, a que se ponga en peligro el secreto médico o incluso a que los pacientes utilicen este sistema con fines judiciales. Los proyectos de renovación exigirán por lo tanto un replanteamiento global que deberá tener en cuenta la tecnología, los procesos médicos y los cambios necesarios, así como las expectativas de médicos y pacientes. En conclusión, se tendrá que encontrar un “compromiso” entre informáticos y profesionales de la salud.
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