Después de la moneda única, las normas contables IFRS, Basilea II y el sistema de pagos centralizado Target 2, se instauró a principios de 2008 la zona única de pagos (Single Euro Payments Area o SEPA). Es mucho lo que está en juego para bancos y empresas dado que, de aquí a 2010, el panorama bancario va a estar sujeto a muchos cambios.
La Comisión Europea ofrece una definición clara de los objetivos de este nuevo marco reglamentario: crear una zona europea homogénea en materia de pagos, un espacio con normas y definiciones comunes, así como unos precios idénticos o que por lo menos respeten un tope máximo. Han suscrito esta normativa 27 países de la Unión Europea, así como Suiza, Liechtenstein, Noruega e Islandia. De aquí a dos años, habrá nacido un mercado único de pagos en el que las transferencias financieras transfronterizas se harán en condiciones idénticas a las que se aplican actualmente para los pagos domésticos. Tres sectores se verán directamente implicados: las transferencias (STC o “SEPA Credit Transfer”), en vigor desde el 28 de enero de 2008, seguidas por los adeudos directos (SDD o “SEPA Direct Debit”) y por el dinero electrónico o las tarjetas bancarias (SCF o “SEPA Card Framework”).
Abaratamiento de los precios, nuevos competidoresLa SEPA se ha fijado como meta reducir el coste de los servicios de pago paneuropeos tanto para particulares como para empresas, mediante la homogenización y la fijación de un precio máximo. Esta normativa también acabaría con algunos de los recargos que actualmente se imponen a las operaciones efectuadas fuera del país de origen del cliente. Otro impacto previsible será la creación de un espacio homogéneo y la entrada en vigor de un estatuto simplificado para los intermediarios del pago que podría abrir la puerta a una nueva competencia. “La Comisión Europea define las entidades de pago con un estatuto simplificado que no corresponde necesariamente al de una entidad de crédito, pero que autoriza el tratamiento de los pagos bajo ciertas condiciones, explica Christian Peeters, partner de CSC y encargado del centro de competencias “Medios de pago y cash management”. “De este modo, podrán entrar en el universo de los pagos nuevos competidores por lo que respeta a una buena parte de la cadena de valores”, señala, antes de añadir que los “procesadores” (los operadores de tratamiento de tarjetas bancarias) afianzarán así su presencia en el mundo de los servicios de pago. Es el caso en particular de Sinsys, la agrupación de SSB (en Italia), de ex - Banksys (en Bélgica) o de Interpay (en Países Bajos).
Reposicionamiento estratégicoSegún Christian Peeters, “la SEPA es el perfecto catalizador de la transformación de los instrumentos de pago en Europa. Se trata además de una transformación profunda, en la medida en que no solamente afectará a los bancos, sino también al sector financiero, al público en general y a todas las empresas, independientemente de su tamaño”. Los bancos, que ya deben hacer frente a una fuerte presión sobre sus márgenes, estarán obligados a idear nuevas estrategias para desmarcarse y seguir creando valor. Es posible que un primer paso hacia la consolidación consista en realizar nuevas adquisiciones o establecer asociaciones. Los bancos deberán plantearse una serie de cuestiones: ¿Tienen la suficiente masa crítica como para posicionarse como productor y, por consiguiente, suficiente peso como para invertir en tamaña transformación? ¿No sería preferible que actuaran como distribuidores de medios de pago, aunando sus fuerzas con otras entidades en una agrupación de interés económico o subcontratando determinadas actividades a terceros? ¿Deberían especializarse o concentrar sus actividades en determinados países o funciones?
Remodelación y transformación...No cabe duda de que, con estos cambios, los bancos van a tener que someterse a profundas mutaciones. Para compensar la presión ejercida sobre sus ingresos, tendrán que proporcionar nuevas ofertas que favorezcan su crecimiento. Ofrecerán sin duda nuevos servicios con mayor valor añadido como la facturación electrónica (e-invoicing), desarrollarán la movilización o el cobro de créditos, así como nuevas soluciones de conectividad y la red banco-empresa Swiftnet.
Por otra parte, ha empezado también la transformación de los sistemas de información actuales. El objetivo consiste en adoptar arquitecturas más ágiles capaces de seguir la evolución del mercado y de adaptarse con mayor rapidez. Primer ejemplo de dicha transformación: un gran banco europeo contempla actualmente la posibilidad de centralizar y estandardizar varios back-offices de cobro en un único lugar, consolidando así su organización paneuropea.
... en un contexto cambianteSin embargo, según varios observadores, esto no es más que el principio. Por ahora, muchos bancos se han contentado con incorporar las disposiciones reglamentarias del SCT – la primera etapa de la SEPA relativa a la gestión de las trasferencias (“SEPA Credit Transfer”)– a sus sistemas de información. Pero esto sólo es la punta del iceberg: queda pendiente la verdadera transformación que afectará a toda su organización, así como a sus procesos y sistemas de información. Hoy por hoy, el problema reside en que estas adaptaciones deben efectuarse en un contexto que no cesa de cambiar, debido a la diversidad de los marcos jurídicos y fiscales o la existencia paralela de varias plataformas europeas de pago (Core, Voca...). Lo más difícil para los bancos es no disponer de un esquema rector claro a largo plazo, por lo que deben avanzar gradualmente y a tientas en un entorno donde todo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.
Las empresas entran en juegoAunque cambie el entorno, la SEPA no supondrá grandes alteraciones para los clientes. Los bancos deberán encargarse de convencer a particulares, administraciones y empresas de las ventajas aportadas por este nuevo sistema de pago, demostrando los beneficios que se pueden esperar de esta transformación, ya sea en la mejora del nivel de servicio, en la disminución de los costes conexos, en el acceso simplificado a una información estandarizada o incluso en la probable aparición, tarde o temprano, de un sistema europeo único para la gestión de los pagos.
Ante las empresas, se pueden esgrimir otros argumentos. La SEPA, además de ser un instrumento de reducción de costes bancarios y de transacción segura, favorecerá los intercambios comerciales de las empresas y les permitirá reducir los riesgos y costes operacionales, así como desarrollar su competitividad y optimizar el valor de sus activos. Será también un catalizador que les incitará a revisar la organización de sus servicios contables y financieros. Por lo tanto, es importante que las empresas, en cooperación con los bancos, adopten desde ahora una postura dinámica definiendo claramente sus necesidades y expectativas. Un buen ejemplo de este tipo de colaboración es la primera universidad del “Cash Management “en torno a la SEPA y las soluciones del mañana, que tuvo lugar en París del 29 al 30 de diciembre de 2007. Participaron en este encuentro organizado por BNP Paribas cerca de 150 clientes europeos. Y nadie duda de que pronto existan otras iniciativas de este tipo. El reto de las empresas consiste ahora en no ser víctimas sino artífices de estas transformaciones, para poder sacar de ellas el mejor partido.
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